¿Tenéis ganas de cantar? Porque en Bonanova Subastas estamos entrenando la voz para este próximo 21 de noviembre… Dejad que os cantemos, quiero decir, contemos, el porqué de tanta excitación:
En primer lugar, tenemos la posibilidad de colaborar con el proyecto Catalunya Canta: Esta es una iniciativa cuyo objetivo es proponer a cantores de corales alrededor de Catalunya la posibilidad de preparar y ejecutar obras de medio y gran formato al lado de l’Orquestra Simfònica Catalana en espacios de concierto singulares.
En segundo lugar, nos encanta también el proyecto solidario Viu la Música de Catalunya Canta. Esta acción, capitaneada por el director musical Enric Gavaldà, Él está fuertemente involucrado con el proyecto no solo como director sino también en la organización. Según él dice, pero, todo este ajetreo queda atrás justo al empezar la representación: “los momentos más tranquilos se dan cinco minutos antes de empezar el concierto” Viu la Música tiene cómo objetivo facilitar el acceso a la música en directo a fundaciones, entidades y asociaciones sin ánimo de lucro que acrediten un servicio a personas con limitaciones o discapacidades acreditadas. Así, se ofrecen entradas con fuertes descuentos para asegurar el pleno acceso a la cultura, un derecho que nos dignifica como personas.
Esto nos vincula con el tercer punto: El concierto que se celebrará el próximo viernes 21 de noviembre en la basílica de Santa María del Mar, para nosotros un marco incomparable a redescubrir donde podremos escuchar, con un coro de 150 voces, el emotivo Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart. En palabras de Enric Gavaldà, se trata de “una obra que es el gran hit de Mozart… No tiene desperdicio de principio a fin y te entra muy fuerte, y de un modo muy especial”
Se trata de la última obra compuesta por el genio austríaco. Esta quedó inacabada por la muerte del autor, quien al parecer nunca supo la identidad de la persona que le realizó el encargo.
Esto ha llevado a un sinfín de leyendas alrededor de la obra y el final de Mozart. Muchas de ellas alimentadas también por el éxito de la película Amadeus de Milos Forman (1984), ganadora de 8 Oscar de la academia. Se dice, por ejemplo, que la música se compuso para el propio funeral del músico; que esta se interpretó en dicho sepelio; que fue Salieri, supuesto enemigo de Mozart, quien terminó la composición en el lecho de muerte de del genio etc. La realidad es que el encargo era del conde Franz von Walsegg-Stuppach por la muerte de su esposa. Mozart fue enterrado el 6 de diciembre de 1791 de un modo sencillo en una fosa común, y se desconoce qué música se interpretó cuatro días más tarde en un recordatorio que el libretista y amigo Franz Xaver Süssmayr organizó para él.
Con todos estos elementos, hemos pensado que nos gustaría centrar esta entrada del blog en la figura de Wolfgang Amadeus Mozart. Concretamente en la historia de los múltiples retratos que se conservan del autor y de la dificultad para conocer su aspecto real: ¿Empezamos?
Y es que, a diferencia de otros grandes compositores cómo Bach, Beethoven o los más modernos Verdi o Wagner, de los que contamos con detallados retratos e incluso bustos, la figura de Wolfgang Amadeus Mozart ha estado siempre envuelta de un misterio en relación con su aspecto real.
Para empezar, hallamos pocas descripciones sobre su físico. A Mozart (1756-1791) Se le suele referir cómo una persona de baja estatura que posiblemente no superaba el metro y sesenta centímetros. A esto hay que sumarle una tez pálida, la finura de su cabello a menudo cubierto por elaboradas pelucas a la moda de la época, una cabeza grande y nariz prominente, manos de dedos cortos y regordetes y una miopía que le daba un brillo especial a la mirada. Por otra parte, después de contraer la viruela a los once años, en 1767, esta le dejo marcas en el rostro.
Así, estudiosos a lo largo de la historia han intentado valorar la autenticidad de múltiples retratos del músico intentando separar la realidad de la ficción. En muchos casos, tradiciones familiares, la propia vanidad o los trucos de oficio de retratistas y falsificadores han hecho que nos lleguen obras llenas de datos dudosos, inexactos o directamente lasos. El musicólogo Otto Erich Deutsch se lamenta de que en el caso de Mozart la cantidad de retratos faltos de fidelidad es muy elevada.
Muchos estudiosos se lamentan también de la perdida de un elemento que habría facilitado muchísimo el conocer la fisonomía del compositor. Se trata de una máscara mortuoria, práctica muy extendida en los siglos XVIII y XIX que fijaba la imagen del difunto para obtener una representación fidedigna de la persona antes de que la descomposición deteriorara su aspecto. Pues bien, se sabe que, por descuido, su esposa Constanze quebró dicha máscara, impidiendo tener una imagen real de su rostro.
Algunos de los retratos que intentan acercarse al aspecto de Wolfgang Amadeus Mozart son:
Mozart en la corte de la emperatriz María Teresa. (1763)
Óleo atribuido a Pietro Antonio Lorenzoni que nos muestra a un Mozart de solo seis años vestido con un traje de gala en una presentación del pequeño genio ante la corte. Se dice que el suntuoso traje fue un regalo de la propia emperatriz, y que quizás estaba destinado en un inicio al pequeño archiduque Maximiliano.
Leopold con Wolfgang y Nannerl (1763)
El padre de Mozart organizó conciertos y presentaciones por toda Europa donde mostrar el talento de sus hijos, buscando la admiración de la audiencia y establecer al niño cómo un prodigio en todo el continente. De esta época nos llega también esta acuarela, obra de Carmontelle, en la que vemos a Mozart tocando el clave, su padre al violín y su hermana cantando. Ya podemos apreciar aquí diferencias notables con el primer retrato, en lo que a la fisonomía del músico se refiere.
Mozart en Verona (1770)
Fruto de un viaje con su padre Leopold a Innsbruck y Verona en 1769 nos llega este retrato de un Wolfgang de 14 años, a punto de interpretar una obra al pianoforte. Obra atribuida a Giambettino Cignaroli, es considerada por los estudiosos como una de las más fieles representaciones de un joven Mozart. Es destacable recordar que en este momento el músico había compuesto ya cuatro misas, dos óperas, seis divertimentos que están desaparecidos, dieciséis sonatas para violín y piano y 15 sinfonías, seis de las cuales han también desaparecido.
Mozart como Caballero de la Espuela Dorada (1777)
En este retrato al óleo de autor desconocido y que se cree es una copia de un original perdido en nuestros días, podemos apreciar a un Mozart que luce una distinción en el pecho. La historia detrás de esta pieza es fascinante. Fue en 1770 cuando, durante una visita a la basílica de San Pedro, Mozart escucha el “Miserere” compuesto por Gregorio Allegri. Una obra bella y valiosa para solistas y coro. El papado, en un deseo de protegerla, había dictado que la partitura no podía salir de la Capilla Sixtina bajo castigo de excomunión. Nuestro joven compositor, prendado de su belleza, tras una sola audición fue capaz de transcribir en sus aposentos una aproximación casi perfecta de toda la composición. A llegar este hecho a oídos del papa Clemente XIV, lejos de excomulgarle, decidió, maravillado por sus habilidades musicales, distinguirle como caballero de la Orden de la Espuela Dorada.
La familia Mozart (1780-81) y la pintura al óleo de Barbara Krafft (1819)
Estas dos representaciones tienen mucho en común, ya que la primera es clara fuente de inspiración de la segunda.
En la primera obra, un óleo de Johann Nepomuk, vemos a los dos hermanos interpretando una pieza a cuatro manos ante la mirada de su padre, sosteniendo un violín. En la pared aparece un retrato colgado de la madre, Anna Maria, que había fallecido dos años antes en París. De esta obra se dice que es una de las más fidedignas en la representación de la familia de músicos. En especial se valora la efigie de Wolfgang, que parece ser que fue el primero de los rostros en terminarse.
Este retrato fue, como hemos dicho, la inspiración principal de la obra de Barbara Krafft, realizada casi 30 años tras la muerte del compositor. El parecido entre esta hermosa y expresiva imagen y la representación del retrato familiar es más que evidente, aunque parece ser que la pintora se basó también en una miniatura que no ha perdurado hasta nuestros días.
Mozart al pianoforte (1789-90)
Del final de la vida del artista existen varias representaciones artísticas. Una de ellas es un medallón. Un relieve en yeso autoría de Leonard Posch que se perdió en Salzburgo en 1945. Aunque su difunta esposa opinaría que el parecido era notable, dijo también que, en su opinión, de lejos, la mayor semblanza sería la que pinto su antiguo cuñado, Joseph Lange. Se trata de una obra inacabada en la que falta la parte inferior, con toda seguridad relacionada con las manos y el instrumento. En ella podemos ver que se logra una gran expresividad en la mirada de Mozart, que parece estarse preparando, leyendo una partitura para iniciar una interpretación al teclado. Cabe valorar que la cercanía y amistad del pintor con la persona representada dan también mucho valor a la sinceridad y veracidad del retrato.
Una curiosidad de los retratos de Mozart es que podemos observar que con el paso de los años se deja de representar al músico con peluca y se muestra más su cabello real. Esto se debe a los cambios en las modas imperantes en la época.
Y hasta aquí este repaso a siete de los más famosos retratos de este prodigio musical, que hemos aprovechado para incluir algunas curiosidades de su vida y obra. Esperamos que este post haya despertado en vosotros el deseo de acercarse más a su figura y es por ello que os recordamos la gran oportunidad que nos brinda l’Orquestra Simfònica Catalana con el proyecto Catalunya Canta.
¡Anotad! Viernes 21 de noviembre a las 20:30 h en la iglesia de Santa María del Mar.
Podéis conseguir el link a las entradas en www.catalunyacanta.cat
¡Deseamos veros allí! Y ahora, silencio, que van a empezar…