Este fin de semana llegará a las salas de cine Downton Abbey: El Gran Final, la que será la última entrega cinematográfica de la premiada serie Downton Abbey. Dirigida por Simon Curtis y con guion del creador de la serie Julian Fellowes, parece ser que esta película aportará un cierre adecuado y digno a todos los personajes de la famosa saga. Nosotros ya tenemos las entradas reservadas y estamos esperando que llegue el día del estreno, pero mientras nos gustaría hablaros de un tema que vincula tan laureada serie con nuestra pasión y profesión, el arte y las antigüedades.
Desde que en 2010 Julian Fellowes, ganador de un Óscar al mejor guion por la magnífica Gosford Park de Robert Altman, nos presentara esta historia familiar nos hemos quedado prendados por los giros de guion, las relaciones entre personajes, el juego narrativo entre los señores de “arriba” y el servicio de “abajo”, etc. Y es que la trama se inicia en 1912 con el hundimiento del Titanic y la desgracia que tal noticia trae al seno de la familia Crawley, y a lo largo de 52 episodios y dos películas nos transporta hasta los años 30 del siglo pasado.
Lo más maravilloso para nosotros en Bonanova Subastas es la posibilidad de disfrutar de un plus en cada episodio. De poder realmente sentir que nos estamos adentrando en un mundo ya olvidado, pero que todavía nos llega a diario a la sala. Nuestro mayor deseo hecho realidad pudiendo ver cómo era el día a día de una sociedad que vivía a otro ritmo. Una sociedad de marcadas diferencias de clase y llena de contradicciones que se pueden descubrir en los más pequeños detalles. Y es a esos detalles a los que nos queremos referir.
Los propios entornos donde se realizó la filmación son ya un personaje en sí mismos:
El castillo de Highclere en Hampshire pasa por la abadía de Downton. Se trata de una casa de campo inglesa rediseñada en estilo Alto Isabelino con uso de piedra de Bath. Este es un estilo que ganó terreno al estilo Tudor a finales del siglo XVI y principios del XVII, con clara influencia de las tendencias renacentistas italianas. Tanto el edificio como en jardín son hoy en día monumentos nacionales británicos clasificados de grado 1.
Con todo, algunos de los espacios interiores fueron diseñados y construidos para facilitar la filmación y los movimientos de cámara. Uno de los espacios más destacados que se construyeron de cero son los aposentos y zonas de trabajo del servicio.
La magnífica isla de la cocina, siempre llena de los más sorprendentes utensilios, es el corazón de la casa.
En palabras de Donal Woods, diseñador de producción de la serie, “nunca sabes de donde te puede llegar una nueva pieza que añada calidad al set de rodaje”. La tarea de documentación se basa en el gran patrimonio museístico de que dispone la Gran Bretaña con posibilidades de poder descubrir por ejemplo “el color y tamaño del sello postal Real” gracias al Museo del Servicio de Correos. En otra ocasión Woods recuerda que necesitaban una amasadora eléctrica de los años 20 y uno de sus colaboradores terminó encontrando una en eBay por 90 dólares. ¡Y en su caja original!
Al pasar por tantas épocas, la casa se va “modernizando”. Así lo podemos ver en la llegada cada vez a más rincones de la electricidad (aunque a disgusto de la Sra. Patmore), en los cambios en el mobiliario, en el estilo de decoración y el papel pintado de las salas. Todo ello es fruto de una extensa e incansable labor de búsqueda y documentación que no deja nada al azar. Es maravilloso como en una simple escena de diálogo el director aprovecha para mostrarnos las tareas diarias como preparar un hogar, escanciar un vino de reserva colando impurezas, repasar vajilla y cubertería para una cena de gala… Y es que el peinarse, maquillarse, escribir una nota o descansar en la biblioteca son a nuestros ávidos ojos acciones maravillosamente trasladadas.
Otra pieza clave es el diseño de vestuario. Aquí brilla el trabajo de Caroline McCall (18 episodios), Anna Mary Scott Robbins (18 episodios), Susannah Buxton (10 episodios) y Rosalind Ebbutt (6 episodios). Gracias a su labor podemos ver los cambios de una sociedad en movimiento. También apreciamos las diferencias entre personajes y como esto se refleja en su modo de vestir. No es lo mismo la modernidad que luce Lady Mary Crawley que el gusto por el clasicismo de Violet Crawley, condesa de Grantham.
Muchas de las telas, acabados, bordados y remates se consiguieron inicialmente en noegcios especializados y con solera de Londres, París o más allá. Irónicamente, el éxito de la serie llevó a un boom por la moda de principios de siglo, lo que hizo cada nueva temporada más difícil para el equipo conseguir materiales originales.
Las joyas que vemos lucir al cast son otro punto importante donde poder apreciar la belleza del Art Deco y la época Eduardiana. Para obtener las mejores piezas, la producción recurrió a Andrew Prince, joyero con un extenso conocimiento histórico sobre este arte. Así, las tiaras, collares, pendientes y demás joyas que realizó se tallaron con el estilo de la era en cuestión. Al contrario que en muchas producciones cinematográficas o televisivas, Prince optó por emplear materiales como el bronce, el latón, plata, paladio, cristales de Swarovski, circonitas y gemas sintéticas. El artesano disfrutó creando recargadas piezas clásicas que Lady Violet lucía con displicencia, o pensando en diseños más atrevidos para los roles más juveniles de Lady Edith o Lady Rose. Por otra parte, la opulencia que siempre podemos percibir que en las joyas que luce Lady Cora Crawley se demuestra su rico origen estadounidense, libre del recato esperado de una dama británica.
También los vehículos que vemos en la serie son objeto del más mínimo detalle y cuidado. Sirva de ejemplo la evolución de los coches de Lord Grantham. Del maravilloso
Renault 12/16hp Landaulette de 1911 pasamos al Sunbeam Limousine 20/60 hp de 1924. Encontramos también múltiples Ford T, e incluso algún primerizo double-decker o un Fiat tipo 56 cómo vehículos de transporte público londinenses.
Y para terminar, una curiosidad más, ya que, coincidiendo con el estreno de la película, un extenso catálogo de más de 260 lotes, artefactos y recuerdos de la célebre serie de televisión, fueron a subasta. Entre los lotes encontramos mayoritariamente vestuario y accesorios, pero también se incluyeron algunos vehículos como el ya mencionado Sunbeam de 1924 o el muro de campanillas que presidía el set principal de la zona del servicio. Los objetos recaudaron un total colectivo de £1,7 millones (2,3 millones de dólares) en Bonhams de Londres, aproximadamente seis veces su estimación. Todos los lotes de la subasta encontraron compradores.
El estreno en cines de Downton Abbey: El Gran Final será este viernes 10 de octubre. Os recordamos también que toda la serie está disponible en Disney+. Si no desean nada más, nos retiraremos…