Bonanova Subastas

Tengui, falti ....

Tengui, falti…

Las personas que se acercan al mundo de las subastas de arte y antigüedades lo hacen por distintos motivos: En algún caso se trata de un interés en la decoración de espacios. En otros se vincula al deseo de obtener piezas de calidad, diferenciadas de lo que ahora mismo se encuentra en el mercado (sillas o mesas por ejemplo que se salgan de los estándares actuales). Hay también personas que hacen de la compra y venta en subastas de este tipo su modo de vida y recorren salas y exposiciones ofertando y pujando por artículos que sean tendencia en ese momento dado.

Hay, pero, una cosa que seguro tienen en común la mayoría de estos perfiles: Les apasiona encontrar aquel objeto ansiado. En algunos casos este es el motor principal de su afición. Les gusta completar grupos de piezas de temáticas o aspectos similares. Les gusta, en definitiva, coleccionar.

Hoy en Bonanova Subastas queremos hablaros un poco de la afición por el coleccionismo centrado en el mundo del arte y las antigüedades y el porqué de esta obsesión por encontrar siempre aquel objeto que falta. El que cerrará el set.

Pero debemos empezar por hacernos la siguiente pregunta: ¿Por qué coleccionamos?

En parte buscamos la emoción que nos provoca encontrar la pieza buscada. En muchos casos se trata de temáticas vinculadas a recuerdos personales ligados a experiencias en nuestra niñez o juventud. También se puede tratar de objetos que nos conecten con aficiones de nuestros familiares o seres queridos.

El interés por la cultura o la importancia histórica también puede ser un motor para atesorar y buscar piezas que tengan un valor como reflejo de una época ya pasada, o de una forma de entender la sociedad.

Crear una colección es también un modo de organizar en algunos casos el tiempo de ocio de las personas. Les da un sentido y un propósito. Promueve la socialización y nos abre a conocer nuevos ambientes y situaciones.

También tiene importancia la sensación de espacio controlado en nuestra colección. Saber lo que tengo, lo que no, lo que quiero y donde poderlo localizar… Tener un control total de esta faceta de nuestra vida, cuando a menudo el mundo se nos descontrola por momentos, es una circunstancia buscada y muy importante en este particular.

No hay que desmerecer el deseo de obtener un beneficio económico con las piezas que se coleccionan. En según qué casos, las colecciones pueden llegar a ser un patrimonio que disfrutar en vida y legar a futuro a los descendientes.

Estas razones muestran que el coleccionismo va más allá de la simple acumulación de objetos.

Este deseo viene ya dado desde el inicio de la humanidad. En tiempos prehistóricos, el tener más pieles, más flechas, más cuerdas… significaba claramente tener más posibilidades de sobrevivir. Este vínculo quedó arraigado en nuestro cerebro y se fue transformando en tener objetos quizás más exóticos o raros. Aquello que no tiene nadie más. Aquello único y que es codiciado. Esta sigue siendo hoy en día una de las razones más fuertes de coleccionar.

Evidentemente, TODO es coleccionable. Así, las colecciones proporcionan un placer máximo para una persona mientras dejan fría a la mayoría. Se dice aquello de que “La basura de uno es el tesoro de otro”, y con razón.

Una parte también muy importante de la afición al coleccionismo está en la emoción de la “caza”. Ese momento en el que tienes un objeto concreto entre ceja y ceja y no desistes hasta encontrarlo. Remueves cielo y tierra y recorres todos los posibles lugares donde lo podrías encontrar. Este proceso requiere de una investigación, de establecer contactos, de ser una persona muy observadora y sobre todo de tiempo. Todo este esfuerzo es parte del placer de coleccionar. La recompensa es llegar a poseer la pieza buscada, evidentemente, pero también hay recompensa en la búsqueda. Una vez terminado el proceso, la persona siente de nuevo la necesidad de encontrar otro objeto que complemente más su colección. Quizás de una búsqueda surgen nuevos conocimientos que nos adentran más y más en el universo coleccionable en el que estemos inmersos.

Este afán coleccionable tubo un gran auge en el Renacimiento con la creación de los Cuartos de Maravillas. Lo que posteriormente se conocería cómo Gabinetes de Curiosidades.

                           Presentación del gabinete de arte de Pomerania (ca. 1617)

 

Se trataba de espacios donde se recogían múltiples colecciones de todo ámbito. En muchos casos se trataba de curiosidades naturales, pero también se nutrían de piezas de cultura y sociedades antiguas (Roma, Grecia, Egipto…) Estas recopilaciones terminaban generando inventarios y catálogos ampliamente ilustrados que llegaban a los estudiosos europeos y tuvieron un fuerte impacto en la creación de ciencias cómo la biología o la botánica. Algunos de los más famosos Cuartos de Maravillas son el Studioli de los Medici en Italia, los que tenía Enrique IV de Francia en el Palacio de las Tullerías o la KunstKammer del Archiduque Fernando II en el castillo de Ambras en Innsbruck. Este compendio de colecciones sigue hoy en día ubicado en el mismo espacio, edificado exprofeso entre 1572 y 1583 para ubicar todas las piezas y es, por ello, considerado cómo el museo más antiguo del mundo.

Un Schrank alemán de principios del siglo XVIII con una muestra tradicional de corales

 

 

Y es que de estas recopilaciones de objetos curiosos y exóticos y del deseo de sus propietarios de abrirlas al gran público nace el germen del que será el museo moderno. Del mismo modo, otras recopilaciones de plantas y flores dieron lugar a los jardines botánicos, muy en boga también desde el Renacimiento.

Pero, ¿cuáles son los artículos más coleccionables en el mundo del arte y las antigüedades?

Por comodidad y espacio, tienen mucho éxito las colecciones de objetos de tamaño reducido. En ese aspecto, sellos, monedas, postales o relojes son algunos de los artículos más propensos a ser coleccionados.  Se trata de piezas fáciles de fechar y con unos estándares de valoración muy asentados. A menudo se lanzan sellos exclusivos de colección con el único objetivo de alimentar el mercado de piezas coleccionables.

Evidentemente, las colecciones de pintura tienen también un encanto especial. Ya sea por autores y sus influencias o buscando piezas encuadradas en mismas corrientes de estilo, estas colecciones pueden llegar a tener un valor astronómico y terminan, en muchas ocasiones, como objeto de cesiones o legados a museos e instituciones.

Desde la invención de la imprenta un objeto muy codiciado son las primeras ediciones de obras ya sea de ficción o ensayo. Dejando de lado la famosísima Biblia de Gutenberg, piezas cómo el Birds of America de John James Audubon, compendio maravillosamente ilustrado a color de más de 200 especies de ave del continente o una copia de la primera edición inglesa de primera novela de la escritora novel J.K. Rowling titulada Harry Potter and The Philosofer’s Stone.

         Detalle de una edición del Birds of America de John James Aubudon

 

Las mejoras en las técnicas de impresión han generado con el tiempo muchísimos más objetos coleccionables muy vinculados a la cultura popular cómo pueden ser cómics, posters de películas o tarjetas y cromos deportivos.

Y es que dentro de las posibilidades de cada cual, podemos coleccionar lo que deseemos: Desde automóviles de todas las épocas hasta autógrafos pasando por objetos religiosos, fósiles, vinilos, etc.…

Para ver un ámbito curioso del mundo de los coleccionistas os proponemos dos series que nos hablan de diferentes mentalidades y formas de ver esta afición. Una muy moderna y la otra recuperada, gracias al archivo videográfico nacional, de un tiempo ya pasado:

                 El Rey de los coleccionistas: Goldin Auctions en Netflix.-

 

Una visión bastante dinámica y sensacionalista del mundo de los coleccionables deportivos y de cultura pop en los Estados Unidos. Se trata de las nadanzas de Ken Goldin y su equipo en su deseo de conquistar el mundo de las subastas de colección. Un show muy guionizado, aunque divierte por lo esperpéntico y decadente de los protagonistas, a la vez que nos descubre algunas curiosidades de este mundillo.

                              El Coleccionismo y los Coleccionistas en RtvePlay

 

Fue emitida en Televisión Española entre finales de 1978 y el primer trimestre de 1979. Se trata de una serie documental, escrita y dirigida por Juan Gabriel Tharrats, sobre la práctica del coleccionismo y sus protagonistas: acaparadores de objetos tan diversos como cromos, sellos, monedas, juguetes antiguos, minerales, soldaditos de plomo... Todo un mundo por descubrir en 13 interesantes capítulos, repletos de bellas imágenes, en los que los propios aficionados nos introducen en sus respectivas pasiones.

Al final, es cada persona quien decide qué quiere coleccionar… excepto en un caso concreto. Y es que hoy en día muchas personas estamos coleccionando a la fuerza un objeto muy particular. Seguro que no sabéis que vosotros y vosotras también sois coleccionistas de estos fatídicos artículos. Nadie sabe cómo con el pasar de los años los vamos acumulando y la puerta de nuestro frigorífico pesa cada vez más. ¡Exacto! Os hablamos de los nefastos imanes de nevera. En fin… Hasta la próxima. Me marcho unos días y que sepáis que cuando vuelva de Benidorm os traeré un imán grande y decadente. ¡Queda dicho!

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